Qué es una injuria (art. 208 CP) y cuándo es delito
La injuria es una expresión o acción que menoscaba gravemente la dignidad o el honor de otra persona. No hablamos de una crítica dura o una opinión ácida, sino de ataques que, por su gravedad, exceden la libertad de expresión. Aquí manda el contexto: quién habla, a quién, en qué tono, ante qué audiencia y con qué propósito.
En mi práctica, lo que mejor funciona es explicar el contexto y el “animus” (la intención) más allá de la literalidad de una frase. He visto declaraciones que, aisladas, parecen terribles; pero encajadas en una polémica pública o en un debate político cambian de sentido. Y al revés: bromas “en caliente” que, por su alcance y carga ofensiva, cruzan la línea.
Bien jurídico protegido: el honor vs. libertad de expresión
El Código Penal protege el honor; la Constitución protege también la libertad de expresión. Cuando colisionan, los jueces ponderan: interés público, veracidad, relevancia social, proyección pública del afectado y necesidad del lenguaje. En asuntos mediáticos, la clave está en probar el interés público real y la conexión entre los hechos y lo dicho.
Penas y supuestos: básicas, con publicidad y retractación
La pena por injurias varía según la gravedad y si hubo publicidad (difusión ante terceros, especialmente masiva). Las injurias con publicidad se castigan más severamente por el daño amplificado. Existe además la retractación: si el autor se retracta de forma eficaz, la pena puede atenuarse.
Cuando la ofensa versa sobre funcionarios en el ejercicio de su cargo, analizo desde el minuto uno la llamada “exceptio veritatis” (prueba de la verdad): si lo dicho es verdadero y tiene relevancia pública, puede excluir la responsabilidad. Mi consejo práctico: asegurarse de que la estrategia probatoria encaje con el tipo (no todo vale como “verdad” jurídicamente).
Procedimiento real: conciliación previa, querella y perdón del ofendido
Las injurias, por regla general, se persiguen mediante querella del ofendido y requieren acto de conciliación previa. He visto querellas inadmitidas por olvidar ese paso. Mi checklist: (1) conciliación; (2) querella con hechos claros, tipificación y prueba; (3) petición de diligencias; (4) estrategia de comunicación si hay riesgo reputacional.
El perdón del ofendido puede extinguir la acción penal en muchos supuestos. Conviene valorar el tiempo de ese perdón: a veces, una disculpa pública y una reparación rápida evitan un proceso largo y costoso.
Acto de conciliación (art. 804 LECrim) paso a paso
- Redacta una exposición de hechos concreta (frases, fecha, canal, alcance).
- Aporta pruebas iniciales (capturas, enlaces, testigos).
- Define qué pides: retractación pública, retirada de contenidos y/o indemnización.
- Si hay acuerdo, fin del conflicto; si no, pasas a querella.
¿Cuándo se persigue de oficio?
Excepcionalmente, cuando las injurias afecten a autoridades o funcionarios en el ejercicio de su cargo y la protección institucional así lo exija. Aun así, cada caso requiere revisar el marco competencial y el interés público.
Pruebas que sí funcionan (especial redes sociales)
En injurias online, mi protocolo arranca guardando URLs, capturas, sellos de tiempo y metadatos antes de que el contenido desaparezca. Recomiendo:
- Capturas certificadas (con hash o a través de un fedatario/servicio de evidencia digital).
- Peritaje informático para acreditar autenticidad, autoría y difusión.
- Contexto de alcance: impresiones, retweets, seguidores, engagement.
- Cronología: qué pasó antes y después de la publicación.
Cuando el autor es difuso (nicks, cuentas anónimas), trabajamos con diligencias para identificar IPs y propietarios; en paralelo, valoramos medidas civiles/precautorias para retirada rápida. La diferencia entre ganar y perder suele estar en cómo se recogió la evidencia la primera semana.
Capturas, metadatos y peritajes de autenticidad
- Captura simple ≠ prueba blindada. Añade metadatos, hash y, si es posible, acta notarial o plataforma certificadora.
- Si el contenido es audiovisual, conserva archivo original y cadena de custodia.
- Pide al perito informe sobre autor, fecha exacta, difusión y posibles manipulaciones.
Construir el “contexto” y el animus
No todo insulto es delito. En sala, explicar el contexto (debate político, crítica literaria, humor) y el animus (informar, opinar, injuriar) ordena al tribunal: ¿hubo intención de ofender gravemente o era una crítica dura amparada?
Injurias vs. calumnias: diferencias con ejemplos prácticos
- Injurias: ofensas graves al honor que no imputan un delito concreto (“Eres un corrupto moral”, “Eres un estafador” sin hechos precisos).
- Calumnias: imputación falsa de un delito (“Robó X el día Y”). Requiere ese núcleo delictivo.
Ejemplo realista: llamar “ladrón” en una disputa vecinal puede ser injuria; acusar “robaste la caja el martes” es calumnia si no puedes probarlo.
Errores comunes que tiran tu caso
- No intentar la conciliación previa.
- Aportar capturas sin autenticación.
- Confundir injurias con calumnias y orientar mal la querella.
- No medir el riesgo reputacional de amplificar el conflicto.
- Pedir indemnizaciones incongruentes con el daño acreditado.
Preguntas frecuentes rápidas
¿Una opinión dura es injuria? Solo si alcanza gravedad suficiente según contexto y difusión.
¿La retractación me salva? Puede atenuar o reducir la pena; debe ser eficaz y pública.
¿Y si lo publicado es verdad? Frente a funcionarios, la “exceptio veritatis” puede operar si pruebas veracidad y relevancia pública.
¿Se puede borrar y ya? Borrar ayuda, pero guarda una copia certificada para el expediente y valora disculpa pública.
Abogado penalista en Barcelona: cómo te ayudo en casos de injurias
En mi despacho hemos superado el centenar de absoluciones; esa experiencia nos permite anticipar por dónde atacará la acusación y qué prueba va a exigir el juzgado para el delito de injurias. Si tu conflicto nace en redes, activamos en 24 horas un plan de evidencia digital y una estrategia de retirada y reparación. La prensa ayuda a la visibilidad, pero la estrategia se cocina en el expediente: datos, peritos y cronología bien atada.
Si necesitas apoyo, contacta con abogado penalista David Sans.
Conclusión
La frontera entre libertad de expresión y honor se decide con prueba sólida y una narrativa jurídica clara de contexto y “animus”. Si actúas rápido (conciliación, evidencia digital y estrategia), tus opciones de éxito se multiplican.
